martes, 3 de marzo de 2009

En respuesta a Javier Caballero


Santiago Cervera

J
AVIER Caballero es uno de esos políticos que se incorporaron a UPN directamente al coche oficial. Sin bajarse todavía de él y legitimado por el dedo de quien le nombró, desde hace meses es inspirador y apóstol del napartarrismo que ahora impera en el antaño partido navarrista. Una vez más, Caballero se permite dar lecciones y explicaciones de cómo debemos entender el comportamiento reciente de UPN, en especial, en lo referido a su política de alianzas y la ruptura del pacto privilegiado que hasta hace pocos meses mantenía con el PP. Pero su análisis político no se detiene ahí. Aplica con ligereza e impudicia descalificaciones al hasta hace poco socio, mientras mendiga los favores del supuesto competidor socialista. Comprenderá Caballero que algunas de sus invectivas no puedan quedar sin respuesta.

UPN está como está (es decir, aislada de un proyecto nacional y europeo, y a merced del PSOE) gracias a la mediocridad del gobierno que rigió Navarra entre 2003 y 2007, en el que ejercía como vicepresidente político Javier Caballero. En las elecciones de 2007 UPN bajó de 23 a 22 escaños. Fracasó en sus objetivos después de cuatro años en los que gobernó con absoluta comodidad parlamentaria gracias al pacto con CDN, y en los que se registraron los mayores ingresos fiscales de la historia de Navarra, lo que permitía dadivosidades y clientelismos sin límites.

Además, Zapatero se puso a negociar sobre Navarra con ETA, lo que se suponía debía movilizar todavía más votantes en favor de UPN. En las mejores condiciones contextuales posibles, UPN baja en escaños y queda a merced de un Parlamento que ya no puede controlar. Así pone en riesgo todo su supuesto proyecto político de defensa de Navarra. Así se entrega en cuerpo y alma a un PSOE incapaz de actuar desde los principios, sólo obsesionado con ejercer poder sobre la sociedad en muy diversas maneras.

Ese fracaso electoral ocurrió por algo. Y ese algo es que los navarros habían visto durante la legislatura al gobierno más vulgar de los que recordaban. Gobierno vicepresidido por Caballero, fichado no se sabe para aportar qué cosa. Nadie con responsabilidad en UPN hizo entonces una reflexión de por qué se había llegado a la calamitosa situación que había deparado la noche electoral. Al contrario, la huída hacia delante supuso un pacto vergonzante con Zapatero y Blanco en el que se les pagaba como salvoconducto para mantener el poder en Navarra la desvinculación del PP, única manera en la que los socialistas cifraban sus posibilidades de tomar despachos en Carlos III. La historia es ésta -algunos episodios más concretos y ciertas consecuencias se irán sabiendo en pocos meses- y no como quiere fabularla Caballero. Él sabe que la ruptura fue cosa de una UPN en la que hoy se juntan el autoritarismo del líder, unos cuantos advenedizos influyentes y una enorme suma de cargos y afiliados que callan por la cuenta que les trae.

He sido a la vez testigo y víctima de la ruptura del pacto, y puedo afirmar que Caballero miente cuando dice que el PP es el responsable de ella. También intenta engañar cuando dice que Rajoy no votó la devolución del Presupuesto del Estado. Pero al margen de las palabras de cada cual, lo que es evidente para todos los navarros es el vergonzante sitio en el que ha quedado UPN respecto al PSN-PSOE a pesar de haberle entregado tan preciada prenda. Lo del AVE -¡una carta sin contestar siquiera desde hace dos meses!- es una humillación de Zapatero y Blanco a toda la Comunidad Foral, y un ridículo para quienes creyeron en sus palabras. Presagio, por cierto, de lo que habrá de venir. Lo de las mociones de censura en los ayuntamientos es otra humillación de dimensión local perpetrada por Jiménez y Caro, quienes han aprendido el modo eficaz e impune de ningunear a Caballero y a todos los de su partido. A eso le deben llamar algunos gobernabilidad. Palabra, por cierto, que cada vez se adivina más como una mera coartada para ocultar no pocas connivencias, también algunas inconfesables.

Sabido es que la orquesta del Titanic seguía tocando mientras el barco se hundía. Caballero parece querer ser uno de los músicos preeminentes en ella. Desafina, pero lo intenta. En la entrevista ya nos contaba que perdía dinero estando en política, y que algún día volverá a su despacho a pesar del severo régimen de incompatibilidades que deberá respetar. Antes de que eso ocurra seguro que todavía le ofrecen más oportunidades para seguir intentando justificar con el desparpajo de Rasputín lo injustificable. Sí; la orquesta sigue tocando.

Publicado en Diario de Noticias el 3 de marzo de 2009

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